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Hay algunas cosas respecto a ti que aún me siguen asombrando y no puedo dejar de pensar como he perdido todo lo soñado.

Las maravillas
que soñé sobre tus labios...
El frío blanco
y absoluto de tus nalgas
tan perfectas
y torneadas como estatua.
Las pavadas
que brotaban de mi boca
como si ...
no te dijese ni una sola.
Y una hora, y el futuro
aguardando en tus ovarios
y canciones
y más besos de tus labios.
Los sudores
que se impregnaron en la ropa
que fue al suelo
sobre lo derramado por la copa.
Y otra cosa,
otra cosa nunca había.
Eras vos mis días
y de noche fantasías.
Y una silla,
esa silla en que colgabas tus atuendos
diminutos,
a la vista puro estruendo.
Y mis ojos,
de los cuales rebalsaba alegría
y a veces llanto
de pensar que te quería.
Y algún día,
por lo bajo y sin perder la compostura
te vería irte,
orgulloso, sin duda.
Y al final de cada día lloraría
lo perdido del amor que me habías dado
y las canciones y los toques de alegría
y el tener y el perder por ser humano.

15/3/2004